Científico indignado

Lo que pasa cuando un científico oye o lee una chorrada. Vía libre a la indignación. No apto para pieles finas.

Epidemia

No, tranquilos, que no me refiero a una rarísima enfermedad mortal que pueda llegarnos a modo de juicio divino y aniquilarnos a todos por pecadores (aunque haya gente a la que le gustaría, y todos sabemos ya de quién hablo). Me refiero a una rara dolencia que sufre una de las profesiones más notorias en todos los países del mundo.

No, tampoco hablo de los peluqueros, por mucho que la IARC clasifique la peluquería como profesión sometida a un riesgo probable de padecer cáncer en categoría 2A. Aunque sí hablaré de la IARC más tarde. Me refiero a los periodistas. Y, más concretamente, a un grupo de ellos, no a todos. Me refiero a ese grupito de periodistas a los que la realidad les importa medio ardite y sólo pugnan por vender un titular o lamerle el ojal al gurú de moda. Sí, son esos que hacen, como yo digo con toda la inquina de la que soy capaz, periodismo gilipollas.

No te pases…

Bueno, vale. No me pasaré. Cambiaré el apelativo de periodismo gilipollas por periodismo juntaletras. Pero básicamente es lo mismo: ese tipo de periodismo que no se hace por informar, sino por engrosar las páginas de un diario a costa de la información misma. A veces, incluso esparciendo ya no sólo desinformación, sino información basura, glosando las maravillas de algún sinvergüenza descarado al que el periodista en cuestión le interesa ensalzar porque está de moda ir en contra de lo que sea. 
¿Que aún no entendéis lo que es el periodismo gilipjuntaletras? Pues os voy a traer dos ejemplos muy claritos. Idos preparando, porque vais a flipar en colores. O quizá no.

Adorad todos al gurú
Este es uno de los peores tipos de periodismo juntaletras. Uno puede hacer un artículo, una reseña, una semblanza de un personaje cualquiera y contar las cosas como son. Por ejemplo, uno puede hablar de Rajoy y hablar de que nació en Galicia, su carrera antes y durante su vida política, con quién está casado, cuántos hijos tiene y añadir una pequeña entrevista con preguntas que el Presidente, en el ejercicio de su derecho, podrá contestar o no. Vale. Bien. Esto es un artículo sobre un personaje, su vida y milagros.
Pero lo que no puede serlo es este despropósito que publicaba El Mundo. Leedlo, si no lo habéis leído ya, que no tiene desperdicio, en serio. Los calificativos que le dedican a este individuo son de traca. No, no los voy a reproducir, para eso está el enlace, para que lo veáis. El caso es que es vergonzoso. ¿Por qué? Pues podéis ver una pequeña ración de por qué en este post que se derivó de un programa de televisión en el que se le trató como lo que es: un farsante vendehumos. Pero no tenéis por qué creerme a mí, podéis leer cómo Fernando Cervera desmonta un buen montón del estiércol que el interfecto va esparciendo por ahí. 
Siendo como es que las afirmaciones del tal Pàmies son como son, falsas, y que no se puede demostrar ninguna de sus afirmaciones, ¿cómo es posible que se haga semejante glosa de este personaje? ¿Cómo es posible que se le alabe por recomendar una planta cuyo uso está prohibido, tal y como nos recuerda J. M. Mulet? Este señor se atreve a decir, sin despeinarse, que la stevia puede curar la diabetes…
Es por eso que este tipo de periodismo no puede ser más que periodismo gilipjuntaletras. Mientras que por otro lado se exige a los demás presentar fuentes y más fuentes que sostengan las afirmaciones que hacemos y, aún así, se pasa de nosotros, en este asunto, da igual lo que se afirme y cómo de extraordinaria sea dicha afirmación. Se cree a pies juntillas, y se justifica con una excusita ridícula y absurda que no conduce a probar ninguna de las afirmaciones recogidas en el artículo. Que sí, que está en un suplemento que se llama ZEN.

Pero es que el hecho de que exista tal suplemento ya es suficiente periodismo gilipjuntaletras.

La OMS, la IARC, la carne y la madre que los parió
Esto ha armado tal revuelo que seguro que todos sabéis de qué va. Sí, me refiero a cosas como estas:
Diversos titulares sobre la OMS, la carne y el cáncer
A primera vista, quizá no haya problema, ¿verdad? La función de un periódico es informar, ¿verdad? Bueno, pues vamos a repasar un par de cositas antes de asegurar que no hay ningún problema con los titulares.

En primer lugar, hay que saber que la OMS utiliza a la IARC para dar información sobre el cáncer y las sustancias que pueden producirlo. Sin embargo, el papel de la IARC no es evaluar cuantitativamente el riesgo de que cierta sustancia o situación provoque o desemboque en la aparición de un tumor. La IARC clasifica las sustancias y situaciones en categorías que dependen de la solidez de la evidencia científica que existe respecto a ese particular. En román paladino, que no evalúa cómo es de peligrosa una sustancia con respecto a la producción del cáncer, sino cuál es la calidad de la evidencia de que disponemos sobre la relación entre dicha sustancia y la producción de cáncer.

Y sí, que la carne procesada esté en el grupo I significa que existe una evidencia científica suficientemente sólida como para afirmar que el consumo de carne procesada está relacionado con la aparición de ciertos tipos de cáncer, como es, en este caso, el colorrectal.

Sin embargo, y esto parece que los titulares parecen pasarlo por alto (y muchas noticias también, ojo), la incidencia del cáncer colorrectal es bastante baja. Y a eso quizá ayuden unos cuantos datos que muy pocos medios han dado. Por ejemplo, y según datos de la OMS, en el año 2012, murieron de cáncer 8,2 millones de personas en el mundo. De entre todas ellas, 654.000 murieron por cáncer colorrectal. Así pues, si hacemos un sencillo cálculo, sabremos que, en 2012, el 7.98% de los fallecidos por cáncer lo hicieron por cáncer colorrectal.

No acaba aquí la cosa. Puesto que, en todo este alarmismo, se les olvida mencionar que la incidencia del cáncer colorrectal es bastante baja, de alrededor del 5%. Este es el riesgo absoluto. Pero el riesgo relativo sí que lo mencionan. El 18%. Nos hemos cansado de oír que cada ración de 50 g de carne procesada aumenta el riesgo de padecer cáncer en un 18%. Bien. ¿Pero qué quiere decir esto? Pues que un aumento del 18% del riesgo relativo produce, como resultado, un aumento del riesgo absoluto desde el 5% al 5,9%. Es decir, que el aumento del riesgo parece muy alto, pero no lo es tanto. Si queréis entenderlo mejor, Luis Jiménez te lo explica en su blog.

Otro error que han cometido los medios es eso de que son tan cancerígenos como el tabaco y el alcohol. Y eso es mentira. Que estén en el mismo grupo significa, como he dicho antes, que la calidad de la evidencia que sostiene la afirmación de que produce cáncer es igual de buena. Pero, y como también he dicho antes, la IARC no cuantifica el riesgo. Así que vamos a hacer nosotros las cuentas comparando con el tabaco, ¿vale? Se calcula que quien fuma un paquete de tabaco diario aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón en 15 veces respecto a quien no fuma. Esto es, un aumento del 1500% en el riesgo relativo de desarrollar cáncer. ¿Sabéis a qué cantidad de bacon diario equivaldría este riesgo? A más de 4 kg (4,166 kg concretamente). Aunque ya os digo yo que si os coméis esa cantidad diaria de bacon, os deberíais preocupar mucho más por el riesgo cardiovascular que supondría que por desarrollar un tumor. Es más, igual hasta no os daría tiempo a desarrollarlo.

Así que, como veis, todo alarmismo. Y periodismo gilipjuntaletras.

Bueno, pero no es tan grave

Esa será tú opinión. A mí sí que me parece bastante grave. Vale, es posible que muchos periódicos hayan hecho el esfuerzo por remendar sus declaraciones y hayan incluído artículos que lo explican muchísimo mejor y con mucho más rigor, como éste de Juán Revenga o este de Rosa Porcel en el caso del anuncio de la OMS (de algo que sabíamos hace ya ocho años, ojo). En el caso del suplemento de El Mundo no se conoce rectificación o corrección alguna. 
Podemos incluir aquí la movida que la revista Mía montó con las terapias naturales contra el cáncer, que también saltó esta semana y que comentó Luis Alfonso Gámez tan magistralmente. En este caso, sí que ha habido rectificación. Pero, ¿de qué sirve, cuando acto seguido te siguen publicando memeces y bobadas sin demostrar? Toda la sabiduría de la rectificación se pierde al añadir artículos que siguen en la misma línea absurda de expandir más la merma que parece campar a sus anchas en según qué medios.
Después de todo esto, puede parecerte que no es tan grave que los periodistas vayan por ahí publicando chorradas sin contrastar y dando pábulo a este tipo de cosas. Y no tiene nada de leve, ojo. Es muy grave. Y si no, puedes echarle un ojo a lo que le pasó a Mario, por abandonar un tratamiento de eficacia probada por una pléyade de gilipolleces (así, con todas las letras) que le prometieron muchas cosas, pero que no le ayudaron en nada. O lo que pasó con el niño de Olot al que sus padres decidieron no vacunar. También en la creencia absurda de que las vacunas son inseguras, a pesar de todos los estudios que demuestran que eso es una solemne estupidez.
Y es que los periodistas, al igual que otros personajes públicos, que poseen un púlpito desde el que vocear, tienen una responsabilidad enorme a la hora de INFORMAR, así, con mayúsculas. Porque cualquier burrada sin contrastar (ni rectificar, como el caso del suplemento chorra de El Mundo) o cualquier sensacionalismo (como el lío de la OMS y el cáncer, a pesar de que haya habido intentos de rectificación) o incluso cualquier mala información (como el caso de la revista Mía, que además peca de incoherente) pueden desembocar en más y más chorradas. Y la bola crece hasta desembocar en cosas que no tienen nada, pero nada en absoluto, que ver con el tema. De esta forma se extienden aún más bulos y cualquier esfuerzo que hagamos los demás, cualquiera, por retirar cualquier bulo, será tomado por dogmático y fanático e incluso deshonesto e interesado, por mucho que tengamos las pruebas de nuestro lado. Y acaban por hacernos caer precisamente en dicho dogmatismo y fanatismo, algo que debemos evitar, como bien nos advierte Deborah.
Así que sí, claro que es grave. Muy grave. Muy grave porque confunde a la gente, crea psicosis infundadas y les lleva a abandonar tratamientos, recomendaciones y terapias, con consecuencias tan graves como la mismísima muerte. Muy grave porque lleva a la gente a crear bulos nuevos, a esparcir mentiras nuevas y confundir las cosas, contribuyendo a crear más desinformación y confusión en ciertos temas. Muy grave porque nos pone a los que tratamos de aclarar las cosas en situaciones complicadas y nos saca del que debería ser nuestro verdadero objetivo. Y nos lleva al hastío y el abandono de dicho objetivo, que no es otro que aclarar todas estas cosas desde el mejor conocimiento al que tenemos acceso.
Así que, señores periodistas, recobren la ética de su profesión. Cuenten la información tal y como es. No intenten entender lo que a ustedes les parezca, pregunten a expertos, consulten con quien sabe. Sólo entonces, redacten. Y aún así, vuelvan a revisar, contrastar y comprobar antes de publicar. Sólo de esta manera darán la información como debe ser, sin generar paranoias, psicosis, alarmismos y bulos innecesarios que luego son dificilísimos de desterrar.
Porque si no, estarán haciendo periodismo gilipjuntaletras. Y eso no es periodismo.
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Más promesas

Hace un par de semanas mi entrada sobre las burradas de un auténtico analfabeto científico alcanzaba cierta cota de lecturas como no había visto en mucho tiempo. Ya os dije que estábamos en campaña y, aunque este no se presentara a nada, estaba en su papel de tonto útil para arrebañar votos de entre los troglohippies desengañados tras el batacazo de algunas otras fuerzas políticas. También, hace unos meses, y ante el más infame desconocimiento de cómo se hace esto de la ciencia, le dediqué unas líneas a otro “iluminao” que parecía creer que la ciencia sólo se debe hacer cuando llena de pasta el bolsillo de algún jerifalte. Pues metidos en harina, nos llega ahora la propuesta de PdrSnchz de traerse a 10.000 científicos que han emigrado para buscarse la vida en lugares en los que se les aprecia más que aquí.

Y, señor PdrSnchz… le pido encarecidamente que le cuente cuentos a sus niñas.

El cuento de nunca acabar

Otra vez, en elecciones. Y otra vez, tras destruir el sistema de I+D en este país. Y, curiosamente, otra vez después de haberse cagado en el trabajo de tanta y tanta gente. 
No me malinterpretéis, ojo. Como intención, me parece loable. Está muy bien eso de decir que sólo con inversión en investigación y desarrollo podemos salir de la presente crisis y aguantar mucho mejor las que vengan. Pero no hay que llenarse sólo la boca con esta frase y luego hacer lo que te salga del ciruelo. Hay que cumplirlo. Desgraciadamente, de esto sólo parecemos darnos cuenta los que sufrimos los recortes en carnes propias y tenemos que, bien emigrar, bien aguantar lo que podamos. Hay una tercera opción, que es reventar por algún sitio, pero luego hay que limpiarlo todo y es un coñazo.
El líder del PSOE nos promete traerse de fuera a 10.000 científicos que fueron a buscarse la vida a países ajenos porque aquí se morían de hambre. Y yo le aplaudo con las orejas la propuesta. Y también me dan ganas de darle dos buenas hostias para que espabile. 
Aquí vienen.
Derecha: los que se fueron
No puedo hablar por todos. Y seguro que muchos están deseando volver a su país, a sus casas, al sitio al que pertenecen. Volver a sus ciudades, a sus barrios. Y poder trabajar para la gente que pagó, con sus impuestos, carrera, doctorado y becas de formación.
Pero los investigadores emigrados que conozco no quieren volver.
“Los cojones”, fue la escueta y aclaratoria respuesta de una amiga que se fue a Milán después de terminar su postdoc en Escocia. Tras las risas de rigor, continuaba. “No pienso en volver. Ni aunque prometiera recuperar a 5.000 con el doble de sueldo y medios. Me he casado. He tenido una niña. Y tengo aquí el dinero que necesito, un trabajo fijo y soy feliz. Me van a prometer, ¿qué? ¿Dinero para tres, cuatro años? ¿Un laboratorio equipadito ahora y que no podré disfrutar, porque en cuatro años volverán a lo mismo y no nos darán proyectos para trabajar? No, que se lo queden.”
En el caso de un compañero que está en Copenhague, la cosa fue parecida. “Yo sí quiero volver. Es más, estoy deseándolo. Pero para volver nos tienen que cambiar el sistema. En las condiciones que hay ahora, no vuelvo ni aunque me prometan todo el oro del mundo. Ya volví una vez. Tenía mi propio grupo incipiente en Lyon, con equipamiento, con dinero… y me volví porque quería trabajar en España. ¿Y qué ocurrió? Que me tuve que volver a ir. Y ya había perdido mi sitio en Francia. Tuve que volver a salir de postdoc, con el perjuicio económico que eso me supuso. Ahora estoy contento aquí. Y no voy a volver a picar.”
Y es que el sistema de I+D español está obsoleto. Se dedica muchísimo tiempo en rellenar papeles y contestar a la estúpida burocracia, un tiempo valiosísimo que se pierde en las exigencias de una administración sobredimiensionada e inútil. Se coarta el acceso de nuevos valores y no existe una carrera científica que permita a los científicos acceder a la investigación como profesión. La endogamia es un cáncer que campa a sus anchas en todas las universidades y centros públicos. Y los recambios generacionales son, sencillamente, una utopía.

Ante estas perspectivas, entiendo perfectamente que la gente que ha conseguido desarrollar su profesión en el extranjero sea reacia a volver. Entiendo que se rían de la propuesta de un político, otro más, que les promete recuperarles para la ciencia española, cuando lo único que han recibido ha sido desprecio. Se les ha condenado al olvido, destruyendo, año a año, el presupuesto para la investigación y el desarrollo. Y han tenido que volver, en muchas ocasiones con el rabo entre las piernas, a los puestos que ya abandonaran para regresar a España en una primera ocasión fallida. Y no quieren volver a ver su regreso frustrado. Ni abandonar puestos que les ha costado conseguir, vidas que ya demolieron una vez y no quieren tener que volver a construir desde cero.

Se sienten decepcionados, engañados y estafados. Y esto no lo van a cambiar todas las promesas de puestos, dinero, tecnologías… No lo van a cambiar porque están hastiados de que lo único que se les dé sea vacío, palmaditas en la espalda y losientos cuando se frustran sus regresos.

No lo van a cambiar porque se les ha decepcionado muchas veces. Y no piensan volver a caer. No olvidan.

De revés: los que se quedaron
Como el que os escribe. Por diversas razones: unos no quisieron irse. ¿Por qué iban a irse obligados? Otros, porque no pudimos irnos. No teníamos los medios ni las oportunidades para irnos. O teníamos obligaciones aquí que nos lo impidieron.

Los diversos presupuestos anuales de la administración del PP nos han ido olvidando, relegando a un segundo plano, primando, en muchas ocasiones, a los investigadores extranjeros, sin tener en cuenta sus méritos frente a los nuestros. Se nos ha ido apartando, amparándose en eso tan cacareado de la excelencia, sin que nadie sepa aún qué es eso exactamente ni en qué consiste. Y así, hemos tenido que ver cómo se truncaban nuestras carreras, tiradas por el barro tantas horas de trabajo, tantas ideas que jamás llegarán a realizarse.

Porque algunos nos vimos atados a esta tierra por razones que, en tanto que personales, no le incumben a nadie más que a nosotros mismos. Y esperábamos que, en algún momento, los políticos que debían mirar por nosotros, se dieran cuenta de lo necesarios que somos, del talento que tienen aparcado en interminables listas del paro. Inocentes que fuimos, que pensamos que de esto de la crisis se sale con más I+D. Ah, no, espera… que eso es lo que nos van a decir ahora. Antes no era verdad. Sólo va a ser verdad ahora, en campaña. Antes sólo podíamos ser un lastre, una carga.

Y ahora también. Porque el candidato no ha dicho nada de los que nos quedamos. Sólo ha hablado de los que se fueron. Quiere recuperar el talento fugado, algo que le honra. Pero ¿qué pasa con el talento que está aquí oxidándose? ¿Tenemos que irnos para poder contar para PdrSnchz? ¿No tenemos derecho a que se nos rescate del olvido, del desempleo, de la frustración? Que sí, que los que se fueron tienen que poder volver. Los que se fueron tienen que tener la oportunidad de regresar a un país que añoran y que les echa de menos igual o más. Pero lo que es injusto es que para los políticos sólo cuenten los que se fueron, sólo valgan los que tuvieron que emigrar.

La causa está en los votos. Recuperar a los que se fueron da votos, son escaños en el reparto final del hemiciclo y eso es lo único que les importa. Son votos de los que están fuera y aún conservan alguna esperanza de volver. Son votos de sus familiares y amigos, que quieren recuperarlos. Pero luego, cuando se encuentren el pastel, se llevarán las manos a la cabeza, volverán a escudarse en la herencia recibida o se inventarán excusitas nuevas. Las que sean, da igual, no importan. Y todo se quedará en agua de borrajas.

Con ello, dejarán en la estacada no sólo a los que se fueron, sino también a los que se quedaron. Porque no podrán acceder a las convocatorias de proyectos, contratos, becas y demás que serán exclusivamente para los que se fueron. Porque tendremos que olvidarnos de nuestras carreras y dejar aparcadas nuestras ideas. Porque seremos otro fracaso más, dinero perdido, tiempo malgastado.

Sólo seremos un estorbo. Como hasta ahora.

Ya basta. Ya. Basta.

Estoy harto. No sólo yo. Sino también mis conocidos. E incluso otros que no conozco personalmente (aunque nos desvirtualizaremos en un momento dado, eso seguro), pero que están también hasta el moño
Estoy harto de que nos prometan basura. De que nos metan, un año tras otro, en el saco de los idiotas a los que hay que convencer para meter una papeleta en una urna que les permita a ellos estar cuatro años más con el culo sentado en el escaño mientras nosotros las pasamos putas para poder desarrollar una carrera profesional o formar una familia. Estoy harto de que nos pinten la realidad de colorines para que nos parezca que todo va bien, que se van a traer a los que se fueron y nos van a dar trabajo a los que nos quedamos y van a basar la economía en la I+D. Estoy harto de que sólo importemos en la campaña, que seamos arma electoral, de ser un instrumento para que el señorito de turno (el que sea, no sólo el señor PdrSnchz) pueda poner sus posaderas sobre el cuero azul o rojo del Congreso de los Diputados. 
Porque eso de “vamos a potenciar la I+D porque un país que invierte en ciencia es un país que resiste mejor las crisis y sale mejor de ellas”, queda muy bonito en todas las campañas electorales. Pero luego ninguno de los que maneja la pasta y la reparte se acuerda de nosotros. Oh, sí, entiendo perfectamente que hay necesidades muchísimo más acuciantes en este momento que financiar a unos parásitos (sic) que juegan a ser dioses (sic) y que buscan agua en Marte cuando en África se mueren de sed (sic). Entiendo perfectamente que antes que la I+D están los parados de larga duración, los grandes dependientes, las grandes necesidades sociales… Pero que me digan esto y no me prometan el oro y el moro. Que no me tomen por imbécil. Porque, y ojalá me equivoque, el dinero tampoco acabará por llegar a estas necesidades. Así que no me jodan, señores candidatos, y preséntenme los datos tal cuál son.
Creo que soy una persona con una inteligencia suficiente para entender la evidencia. Así que no se agobien, preséntenmela. Díganme: “este dinero es el que se ingresa; este el que se gasta; este el que hace falta”. Y háganme promesas realistas basadas en esos datos. Háganme promesas realistas que se puedan cumplir. Y, aunque no puedan invertir en I+D y tenga que seguir llorando por un puesto y compitiendo por él lo mejor que pueda, tendrán mi voto. Porque no me habrán intentado estafar. 
No me habrán prometido nada a mí, personalmente. No habrán llamado mi atención. Pero me habrán dicho la verdad. Y en los tiempos que corren, en el que los políticos nos dicen a nosotros una cosa, en el seno del partido otra y en Bruselas otra, la honestidad se valora muchísimo. No saben cuanto.
Así que ya basta. Sean honestos. Díganme la verdad. Incluso aunque sea tan negra como el sobaco de un grillo. Porque las promesas de siempre me hacen sentir como si estuvieran tomándome el pelo.
Y ya no se lo consiento más.

¿La edad de oro de la divulgación?

Quería haber abierto esta entrada la semana pasada. Pero luego alguien habló más de lo que convenía y tuve que intervenir. Bueno, no tuve, pero lo hice igual. El caso es que, últimamente, en España estamos viviendo un repunte de la divulgación científica. No sólo en internet, donde ya sabemos que hay enormes y grandísimos divulgadores, sino también en secciones de periódicos y algunos magazines de televisión. E incluso tenemos programas en la televisión, tales como Ciencia para Torpes o La ciencia a tus pies, que convierten la ciencia en un espectáculo. También nos hemos deleitado, esta misma semana con el estreno del Cosmos de Degrasse Tyson en castellano. Desde hace un año además tenemos en antena la magnífica Órbita Laika. Y ayer mismo, ADNMax emitió su tercer programa. Parece que la ciencia interesa y mucho. Pero no es oro todo lo que reluce, ya lo sabéis.

La cara y la cruz

No es fácil, claro, colar un programa de divulgación científica. Mucho menos cuando las televisiones los relegan a horarios intempestivos y canales chuscos. Así que es para alegrarse el tener dos programas de realización patria en el que la ciencia sea el motor y el eje central. Es algo que, al menos yo, no consigo recordar en la historia de este país. 
Pero, al menos desde mi punto de vista, los dos programas tienen mucho en qué diferir. Tanto como para poder decir que uno es la cara y el otro es la cruz.
Alguien podría decirme que dada mi formación científica puedo tener cierto sesgo hacia el programa con más rigor. O que dada la tirria histórica que le tengo a uno de los presentadores, estoy criticando más emocionalmente que otra cosa. Pero tengo en mi casa un indicador maravilloso que no sólo me confirma que no es mi sesgo lo que me hace apostar por uno y no por otro, sino que realmente hay un formato que funciona y otro que no: mi mujer. Mi mujer, filóloga de formación, es muggle en esto de la ciencia y tiene muy claro lo que le gusta y lo que no. Lo que entiende y lo que no. Y es su criterio el que va a aparecer en este post, no el mío.
Órbita Laika, el ejemplo a seguir.
Vale, es posible que después de un año le hayamos cogido más cariño que a ADNMax y su formato estilo El Hormiguero. Nos hemos acostumbrado a las formas de América Valenzuela, Antonio Martínez Ron, Clara Grima, José Cervera y compañía. Quizá al ser el primer programa que salió en antena haya roto el molde y esperamos que los demás le copien.
Pero entonces es cuando las sabias palabras de mi mujer me dicen que esto no es verdad. Y basta con un simple “pues me he enterado de todo” o “hoy he aprendido que…” para darme cuenta de que Órbita Laika no es un programa más de divulgación, sino que de verdad consigue su objetivo. Repito que quizás por formación a mí me guste más lo que cuentan, no lo sé. Quizá son las curiosidades que siempre quise saber o las que me llaman la atención. Pero uno no se queda “apamplao” mirando a José Cervera explicar cosas en su sección si no se entera de nada. Ni se parte la caja con las movidas de Antonio Martínez Ron cada vez que parece que va a hacer explotar el plató entero. Ni tampoco se pone a buscar qué matemáticas son las que están detrás de los tubos de rayos catódicos (por poner un ejemplo) tras ver la sección de Clara Grima. O le recomienda a sus conocidos las secciones de L. A. Gámez, José Manuel López Nicolás o Raúl Ibáñez. Si esto ocurre es porque el formato funciona.
Y si encima te encuentras a tu mujer explicando el principio del palomar en una reunión familiar y dejando con la boca abierta al cuñao más cuñao de todos los cuñaos, ya no os digo nada.
Porque, como decía antes, parece que han roto el molde para dejan que los demás lo copien y se adapten a una forma de hacer divulgación que llega a sectores que jamás se habían interesado por la ciencia más allá de “¿qué tal hoy en el laboratorio, cariño?”. 
Dejar que Ángel Martín conduzca el programa ha sido todo un aciertazo. Sabe estar donde tiene que estar, sabe perfectamente cuál es su función y su sitio y sabe tirar de los invitados cuando parecen más aburridos y distraidos. Empezar con sus monólogos y canciones es, quizá, la mejor forma de empezar, relajando ya el ambiente desde el principio, dándote la impresión temprana de que el programa no va a resultar pedante ni agobiante ni tampoco va a llegar a un nivel en el que sólo los más versados van a entender lo que te dicen. Los invitados resultan refrescantes y estimulantes (en casa aún nos acordamos del puntazo que supuso Goyo Jiménez en la primera temporada) en la mayor parte de los casos (Javier Cansado fue un muermo importante).
También hay que señalar lo mucho que ha mejorado el programa. Ya no tenemos que temer por la integridad física de Clara por ahogarse mientras da su sección. Se ha cogido agilidad y la transición entre secciones es mucho más fina y no tan abrupta como podía parecer en los primeros programas. Como digo, esto podría ser porque nos hemos acostumbrado a ello, no lo sé. Pero lo cierto es que ya en la primera temporada se notó la mejoría a lo largo de los programas. Ahora en la segunda, la mejoría se ha confirmado y fijado. Y ahora no hay día de emisión en que no hagamos lo posible para ver el programa, por muy tarde que lo pongan.
Porque si hay que buscarle una pega al programa es su hora de emisión. Un miércoles, cada vez más tarde. Comenzaron a las 23:42. El último miércoles fue a las 23:53. A mí me encanta que TVE haga un esfuerzo por el cine español. Pero tiene seis días para hacerlo. Y ojalá hiciera lo mismo por la ciencia española. Que no lo hace. El maltrato al que está sometiendo al programa se hace cada vez más patente. Y las audiencias empiezan a bajar hasta el punto de ser la mitad en algunos casos que en la primera temporada. Es razonable: el jueves la gente tiene que trabajar, acumula ya cansancio y quedarse despierto hasta casi la una cuando ya llevas todo el cansancio de media semana de trabajo sobre la espalda. En su anterior horario, las 23:00 de los domingos, la gente podía esperar con mucha más facilidad: descanso de fin de semana, fin antes de las doce de la noche… Era bastante más accesible. Ahora mucha gente opta por verlo en  la web ante la imposibilidad de verlo en directo. Y estos no cuentan en las audiencias.
Que, de contar, TVE se daría cuenta de que es un programa abocado al éxito al que debería cuidar y mimar.
ADNMax, ¿la promesa por despuntar?
De la misma manera que sólo se me ocurren parabienes y alabanzas para Órbita Laika, para ADNMax lo único bueno que se me ocurre comentar es el horario. Porque sí, porque un domingo a las 21:30 es una gran hora para divulgar ciencia. Porque la gente empieza a cenar o bien ha terminado de cenar hace poco y se sienta en el sofá para descansar un rato. A esa hora, el programa incluso podría durar más tiempo e incluir más cosas que explicar. Bueno corrijo: incluir cosas.
Porque, y retomando el parámetro “mimujer” como dato válido, sólo puedo decir que en los dos programas que llevan hasta ahora sólo ha puesto cara de haba. En el primer programa, tras ver al fisico del principio que metió al tal Keller en aceite, el comentario de mi mujer fue “enlaces covalentes”. Fue todo lo que se le quedó. E, inmediatamente después de que terminara el programa, me preguntó: “¿Qué son los enlaces covalentes?”.
– Antes de contestarte, ¿qué te ha parecido?
– Pues… no ha habido más que anuncios: un minuto después del bobo (sic) del aceite. Después, trocitos de otros programas de la cadena. Luego otros siete minutos de anuncios. Luego más trocitos de programa. No entiendo qué pinta el rollo de la trampa para ratones. Lo único que ha merecido la pena, las ratas para detectar minas.
Yo coincido con su interpretación. Puede que sólo esté agarrandome a mi propio sesgo cognitivo, sí. Pero siendo que también coincidimos en la valoración de Órbita Laika… me inclino a pensar que no es una simple coincidencia.
Porque ADNMax es una idea estupenda. Sí, un programa de ciencia en la televisión siempre me parecerá una gran idea. Pero creo que el planteamiento es erróneo. Sí, la idea de la productora de Pablo Motos es estupenda, y más sabiendo que en su programa tiene una pretendida sección de ciencia. Que también es una gran idea. Pero creo que el fallo es intentar hacer lo mismo que hacen El Hormiguero: mirarle a la ciencia el culo. 
Sí, la ciencia es maravillosa. Es un espectáculo verla. Y se puede convertir en un espectáculo. Pero si no explicas bien el fundamento, si no le das sentido a lo que estás contando, nadie se entera de lo que estás haciendo y se queda en un flash, en unos fuegos artificiales que no dan ningún lustre. Sólo explosiones y fogonazos. Y luego, nada de nada. Absolutamente nada. Esto es lo que creo que le ha pasado (o le pasa) a ADNMax. Sólo se quedan en la parte vistosa de la ciencia, le ponen un vestido bonito, la sacan a la pasarela y al armario otra vez. 
De Sardá no hablaré. Nunca me pareció un buen comunicador, nunca me pareció un buen presentador. Ni siquiera un buen showman. Así que para que nadie diga que es porque no le soporto, no diré que me parece un atraso tenerle ahí de presentador.
Cosmos, el maestro
Y podríamos dedicarle este calificativo tanto al de Sagan como al de Tyson. Es el maestro de la divulgación televisiva. Porque tanto el de Sagan y el de Tyson han sido el súmum de cómo llevarnos al conocimiento de todo aquello que nos rodea de una forma amena y sencilla. Mi mujer y yo vimos los dos primeros episodios ayer, tras volver yo de viaje, y fue alucinante verla con la boca abierta, flipando con el universo y la evolución y la forma en que Tyson nos traía todas aquellas maravillas. Mi mujer no podía parpadear siquiera mientras lo veía. Hacer algo así no tiene precio.
Si alguna pega hay que ponerle al programa es, quizá, que hay que tener algo más que una cultura científica básica para seguirlo. Parte de algo más que una formación básica y presupone cierto nivel de cultrua para poder verlo sin perderse. Pero aún así, es, sin duda, lo mejor que se ha visto en divulgación televisiva.

¿Es todo? ¿Aquí muere la divulgación?

No. Estoy seguro de que no. Pero tampoco me preguntéis, soy un humilde escritor de un blog, no un genio de la televisión. Estoy convencido de que quedan muchos escenarios que explotar. Y errores que corregir, por supuesto. Pero el mayor error que hay que corregir es el de darle importancia a la divulgación en televisión.
Alguno me dirá que flaco favor le hago a tan noble objetivo si, en cuanto un programa lleva dos emisiones lo pongo a caer de un burro, pero lo cierto es que el programa adolece de cualquier interés en el momento en que las cosas quedan en el aire, como colgando. Es como si Fernando Alonso consiguiera llevar su MP4-30 con motor Honda hasta la primera posición en Austin y al ir cruzar la meta en la última vuelta, se bajara del monoplaza y lo dejara a escasos cuatro metros de la línea. Sí, no todos pueden ser Órbita Laika y tener a algunos de los mejores divulgadores de nuestro país y contar con el buen hacer de todo el equipo que trabaja en el programa. Pero hacer un Hormiguero con un presentador que está totalmente fuera de lugar no es el camino. Creo que a ADNMax le sobra vestido y le falta contenido. Si el programa lograra reconducirse hacia el lado de la ciencia y no hacia el lado del colorín, con menos fanfarria y más sentido, lograría convertirse en el programa de ciencia que está llamado a ser. Quizá un presentador más como Goyo Jiménez, apasionado de la ciencia (como ya demostró el año pasado) y menos preocupado por dar la nota en el plató y atraer toda la atención sería bastante mejor para un programa que podría ocupar un nicho que lleva mucho tiempo vacío. Quizá unas secciones mejor escogidas y más desarrolladas y pensadas les convertirían en un programa excelente. Y, sobre todo, eliminar los publirreportajes y la autopromoción, que están de sobra.
La sección de L. A. Gámez en Órbita Laika podría ser un gran modelo y principio para otro programa divulgativo. “Pseudociencias, no deje que le engañen”. Bueno, quizá para un programa completo no, pero para una sección importante sí. Explicar cómo la homeopatía no puede tener ningún efecto a partir de un límite de dilución. Cómo la física cuántica no valida ninguna memez ni chorrada absurda new age que se le ocurra al pijo posmoderno en el sofá de casa de sus papás. 
Si a mí, que en estos menesteres soy un zoquete mareando una perdiz que no voy a poder cazar jamás, se me ocurre alguna cosilla para mejorar el horizonte, ¿cómo no se les va a ocurrir a las cabezas pensantes de la televisión?

Pero seguimos queriendo más ciencia

Y nos da igual. Nos da exactamente igual que el programa zozobre en sus primeras entregas si los errores se corrigen y la nave llega a buen puerto. Nos da exactamente igual que el programa se esconda en un canal de chicha y nabo. Porque lo vamos a ver. Y seremos fieles al programa hasta que lo retiren de la parrilla.
Nos hace falta más ciencia, más espíritu crítico. Porque luego nos pasa lo que nos pasa y tenemos que lidiar con idiotas ilustrados y politicastros iluminados que tienen púlpitos públicos desde los que decir bobadas y mierdas y engañar a la gente.
Y es que los errores, una vez se identifican, pueden corregirse. Pero las chorradas, una vez instaladas en la sociedad, es mucho más difícil desterrarlas.

No engañan a nadie…

… aunque lo pretendan.

Estamos en campaña electoral, señores. Y se nota. No sólo porque hay inauguraciones, los políticos bajan de sus altas tribunas para mezclarse con la plebe, abrazan niños y estrechan manos. No. Sino también porque es época de promesas, de grandes palabras, de proyectos que compartir juntos. Es época de discursos épicos, de gestos y brindis.
Y es que se mezclan con la plebe a la que desprecian y abrazan niños y estrechan manos que les asquean. Es época de promesas vanas, de grandes palabras vacías, de proyectos que veremos, juntos, cómo se quedan en un cajón. De discursos con fallos épicos, de gestos inútiles y brindis al sol. ¿Que no os lo creéis? Pues os traigo un ejemplo: José Antonio Pérez Tapias.

Y ése, ¿quién es?


¿Cómo? ¿No lo conocéis? Bueno, eso quizá es porque realmente no es nadie. Pero lo cierto es que el nombre os sonará. Si os suena es porque se presentó a la elección como Secretario General del PSOE que se celebró en julio de 2014. Esa que ganó Pdrschz… Bueno, y si estudias en la Universidad de Granada, igual lo conoces porque es el decano de la facultad de Filosofía y Letras. 
Pero, ¿por qué este personaje merece un post en un blog como este? Bueno, pues, básicamente, por el mismo motivo que en su día lo mereció Sánchez-Dragó. Que podemos resumir en que padece un Dunning-Kruger que podría competir con su propio ego. Y con el de Sánchez-Dragó también. Vamos, que es otro sabihondo de sofá y panfleto que cree saber algo y en realidad no tiene ni puta idea de nada. Ni siquiera de filosofía, a pesar de decir que la enseña. Porque la colección de falacias que se mandó fue de campeonato.
Cuéntanos más
Todo empezó cuando el señor Tapias, en un alarde de ignorancia y analfabetismo científico se largó esta bobada tamaño Sagrada Familia:

Por si lo borra, que dada la honestidad intelectual del señor Tapias, me parece más que probable:

A mí, que el señor Tapias esté en contra de los transgénicos me parece muy bien. Todo el mundo tiene derecho a tener su opinión. Pero lo que sí que me da mucho por culo es que nos desee a los que defendemos la transgénesis cualquier mal de esos que él se imagina que producen los transgénicos. Eso es de ser mala gente.

Claro que, cuando se tienen las evidencias en la mano, como me pasa a mí, estaría más que encantado de irme a vivir al lado de donde se cultiven y a que me regalen a diario kilos de harina hecha con trigo apto para celíacos, arroz dorado o naranjas con β-caroteno. Νο tendría problema alguno. Es más, varias veces a la semana (últimamente casi a diario) me tomo una buena ración de boniatos. ¿Que no son transgénicos? Os equivocáis gravemente, porque los boniatos son transgénicos.

Seguramente, alguno podrá decirme que son “transgénicos naturales”. Claro. Y nosotros sembramos plátanos, trigo o maíz naturales. Naturales del todo.

¿Qué problema hay con los transgénicos?

Pues ninguno. Realmente no hay ninguno. El ser humano lleva domesticando seres vivos desde la prehistoria. Ha utilizado la ingeniería genética desde el neolítico seleccionando variedades y cruces que producían plantas más vigorosas, más productivas e incluso más decorativas para su propio provecho. Ahora, la diferencia es que hemos conseguido domesticar las moléculas que conseguían esto.
¿Y para qué, si ya se podía hacer antes mediante cruces? Muy sencillo: para poder ser mucho más específicos. En los cruces entre variedades pueden acabar por pasar genes que son indeseables en el producto final. Conseguir variedades por irradiación puede echar a perder la variedad de la que procede el producto final. Pero con la transgénesis podemos cortar exactamente lo que queremos y pegarlo exactamente donde queremos. Tomemos el caso del arroz dorado, un arroz que expresa β-caroteno. Podemos extraer los genes de, por ejemplo, una zanahoria y ponérselos al arroz, de forma que ése arroz exprese los genes responsables de la producción del β-caroteno y lo acumule.
Esto es un transgénico. Esto y nada más. Un organismo que posee los genes de otro que pueda servir de interés para su explotación por el ser humano. ¿Pero sólo hay transgénicos de este tipo? No. Por ejemplo, @VaryIngweion, en su blog Curiosa Biología, nos presentaba la biorremediación con transgénicos. Tampoco se quedó atrás @bioamara, que nos dedicó no uno ni dos sino tres posts aclarándonos que es la biofortificación. Además, os adjunto una imagen de transgénicos que hay en desarrollo, gracias a @DanielNorero:
Bueno, entonces, ¿por qué el señor Tapias dice bobadas?
Pues, básicamente, porque no tiene ni puta idea de lo que dice. Pero no porque nadie le haya explicado las cosas ni haya intentado explicárselas, ojo. Cientos de personas en twitter intentamos explicarle lo equivocado que estaba. Para muestra, los tuits en los que yo lo intenté:

Hasta en once ocasiones le insistí con las evidencias. Si alguien se pregunta en cuántas de ellas contestó, el número es cero. Cero.

Entonces, ¿cómo un profesor de filosofía sigue afirmando en falso?
Eso vais a tener que preguntárselo a él. Aunque yo tengo mi propia hipótesis.

Pero para eso voy a tener que recordaros un post que ya dediqué a otra panda de políticos con ideas absurdas sobre los transgénicos. Como en aquel caso, al señor Tapias la evidencia le da exactamente igual. Ya os he mostrado cómo se la he pasado varias veces. Entonces, ¿cuál es su intención?

Su intención, según él, es el debate político sobre los transgénicos agroindustriales (sean lo que sean). Sin embargo, ¿cuál es el debate? Pues el que también os he explicado en este mismo blog, hace ya cinco meses: que equipara los transgénicos con Monsanto. Y, aunque he intentado que el señor Tapias intentara aprender a distinguir (como podéis ver en los enlaces), ni se ha tomado la molestia en distinguir una cosa de otra. Lejos de eso, nos acusó de acosarle, de hacer lobby (varias veces), de apoyar el TTIP, de defender los transgénicos por ideología (varias veces), de dogmatismo (lo de cientificista roza el ridículo, lea a José Cervera sobre el particular), de vendernos… hasta de insultarle. Pero ninguna de esas cosas pudo demostrarlas. Mintió deliberadamente, tiró de falacias de autoridad (falsa, además -¿Greenpeace, en serio?-), apoyó falacias ad ignorantiam, acudió al verdadero escocés… ¡hasta la de Galileo! Incluso hasta retuiteó cosas que no se había leído.

Pero nada de lo que el señor Tapias dijo, mencionó o, hay que decirlo, escupió, pudo demostrarlo. Ni una sola evidencia al respecto, ni una única referencia de verdad a que los transgénicos fueran dañinos o nocivos. Todo mitos, como el envenenamiento de campesinos. Lo que fuera. Se pegaba a lo que fuera.

Pero de leer la evidencia, nada de nada. De informarse, tampoco.  De hecho, alabó a los que apoyaron abiertamente sus hombres de paja, ad hominem y demás falacias. Incluso ofendió a todo el que pilló por medio con este tuit:

Lo curioso de todo el asunto, es que conforme iba transcurriendo el tiempo, sus tuits iban siempre encaminados hacia el mismo sentido: los intereses ocultos, espurios, de quienes criticábamos sus afirmaciones. ¿Será este un caso al que pueda aplicarse aquello de “cree el ladrón que todos son de su condición”? Yo, sinceramente, espero que no. Pero mi opinión es más bien afirmativa. ¿Por qué?

Podéis encontrar la explicación en la entradilla de este post: las elecciones. Se acercan. Inexorables. Y la cosa está tan justa, tan apretada y tan cambiante que amarrar votos es indispensable. Y dado el batacazo que algunos de sus rivales más directos se han pegado en las catalanas, hay que buscar el voto pseudoecologista como sea. Aún a costa de su reputación. ¿Qué más le da a él, si ya tiene el culo caliente y el estómago lleno? Sinceramente, y a la vista de lo que os relato, a mí me parece (y es mi opinión personal) que está haciendo el papel de tonto útil.

Y es que después de todo esto, no ha presentado ni una sola evidencia que apoye lo que dice. Ni que los transgénicos son dañinos. Ni de que los que le criticamos estamos vendidos. Y esto a mí, a mí precisamente, me duele muchísimo. Porque por culpa de gente corta de miras como él el sistema de I+D de este país se ha ido al guano y yo me he quedado en el paro. Y sin posibilidades de trabajar, cuanto más tiempo pasa. Así que no me hable a mí de intereses y enséñeme en qué apoya sus argumentos.

Lo que pasa es que no los espero. Ya no. Ha llegado al punto en que se ha convertido en su propio Poe. Es indistinguible de su propia caricatura. Pero eso no es lo peor.

Lo peor es que luego se llenarán la boca de promesas, de potenciar la I+D, de facilitar el trabajo científico en este nuestro país, de crear agencias que sirvan para coordinar nuestro trabajo, de no dejar que los cerebros se fuguen y rescatar a los que se fueron. Pero luego nos ponen trabas, nos engañan y hasta nos ningunean. Y como uno ya está harto, señor Tapias, no va a dejarse engañar más.

Así que deje de llenarse la boca con apoyo a la I+D, de respeto a los científicos, de admiración por la labor investigadora. Cuando en los últimos días lo único que ha demostrado es desprecio por la ciencia, por quienes la hacemos aún en condiciones deplorables y por quienes se esfuerzan en hacerla llegar a todo el mundo de forma comprensible. Pero desde la atalaya de su púlpito inconquistable, desde la soberbia intelectual que le da su posición, es imposible que razone. Máxime cuando al verse acorralado por la evidencia, y para no salir de su posición ridícula, dice lo siguiente:

Se olvidará, supongo, porque no quiero pensar mal del señor Pérez Tapias, que en la agricultura no industrial también se usan agrotóxicos y que los transgénicos en eso no se distinguen de sus variedades isogénicas (en el uso, digo). Digo más, transgénicos como el maíz BT, que ya lleva incorporado su propio insecticida, reducen el impacto de los agrotóxicos, como él los llama, al no tener que usar ningún compuesto que acabe con las molestas plagas que lo echan a perder. Las variedades resistentes a sequía reducen la necesidad de agua, reduciendo también el impacto ambiental. Los transgénicos también consiguen este tipo de cosas.

Ayer lo hablaba con algunos amigos por twitter. Quizá esté confundiendo cosas. Quizá esté confundiendo la adición del glifosato, de muy baja toxicidad, con la rotenona (que se ha llegado a utilizar para inducir parkinsonismo en modelos animales) que se ha estado utilizando hasta hace nada en la agricultura mal llamada ecológica. O igual, si leéis esta última fuente, se refiera a los compuestos de cobre que autoriza el reglamento, sin saber que el cobre es bastante más tóxico. Quizá le dé miedo que la clasificación IARC haya metido al glifosato en la categoría 2A, pero entonces no entiendo cómo es que no pide la supresión de la profesión de peluquero, que está en la misma categoría.

No sé, no llego a entender que se encierre en según qué chorradas. Si lo que quiere es un control sobre los trangénicos, enhorabuena, esos controles ya existen y son mucho más exhaustivos que los que pasan los isogénicos. Si lo que quiere es un control sobre las empresas, genial, también existe legislación al respecto. Y si lo que quiere es un control absoluto sobre los transgénicos, su producción y su implantación lo tiene fácil: aumentar la inversión en I+D pública, de forma que todos los transgénicos producidos sean de titularidad pública. Y ahí podrá decidir plenamente sobre ellos.

Problema y solución

Un ignorante más o menos apenas es un problema. El problema es la cantidad de gente a la que llega. La cantidad de indecisos que oirán su voz y, dándole una autoridad que no tiene, le creerán, le seguirán y, como él, cerrarán los ojos para no ver más. También tengo ejemplos de esta gente. Uno que dijo conocerle, pero no ser su colega; querer debatir en serio, pero no presentar evidencias. Y tras pegarse un tiro en el pie, aportando un estudio que demuestra la seguridad de los transgénicos, se despidió, todo ofendido, por señalarle su analfabetismo científico diciéndose insultado pero llamando fantasmas a los demás. 
Gente como esta, que apoya las bobadas de unos u otros (no necesariamente del que nos ocupa, pero también) será la que luego esparza la basura y la haga llegar a todos los rincones, importándole poco o muy poco lo que podamos hacer o dejar de hacer.
Sin embargo, no podemos desfallecer. No podemos dejar de mostrar la evidencia. Puede parecer que no sirve de nada. Pero id a esta entrada y ved su último comentario. Esta muchacha, tras un debate en twitter y tras haber leído exactamente las mismas evidencias que se le presentaron al señor Tapias cambió su opinión. Se dio cuenta de cómo la habían engañado. Y se dio cuenta de hasta qué punto estaba equivocada. Desde aquí, mi admiración y reconocimiento más sincero. A mí me ha enseñado que lo que hacemos sí sirve para algo. Me ha enseñado que la labor que hacemos quienes nos negamos a aceptar lo que dice una personalidad, quien sea, no vale nada. Absolutamente nada. Que lo que vale es la evidencia que acumulamos. 
Es hora de redoblar esfuerzos. De presentar batalla sin desfallecer. Es hora de mostrarles que no nos van a volver a engañar. Somos el escudo que protege los reinos de los hombres. Y si no dejamos que los engañen los homeópatas, los vendedores de flores de Bach o los osteópatas, tampoco podemos dejar que los engañen los politicastros.
Y es tiempo de elecciones. Todo vale por los votos. Hasta mentir miserablemente.

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Jules Bianchi: un año.

Jules Bianchi, soriente

Jules Bianchi y su eterna sonrisa

El pasado día 17 de julio nos dejaba el piloto Jules Bianchi, tras el accidente sufrido durante el GP de Japón de 2014, en el circuito de Suzuka, al impactar su monoplaza contra la grua que extraía el coche de Adrian Sutil, entonces piloto del equipo Sauber, de las protecciones contra las que se había estrellado. Ya entonces la cosa pintó mal. Bastante mal.

El diagnóstico inmediato fue el de daño axonal difuso. Su pronóstico ya fue desalentador desde el primer momento. Pero aún así, Jules luchó contra su lesión durante nueve meses y medio. Pero perdió la batalla y su estrella acabó por apagarse. Hoy, en el primer aniversario de aquel terrible accidente, y como homenaje, quiero dedicarle un post sobre su lesión, para que el daño axonal difuso tenga más alcance y, quizá, se aliente así a científicos, médicos y cualesquiera otros profesionales de la sanidad a profundizar en su conocimiento. Y, para ello, voy a tomar el post que ya escribí hace un año, y lo ampliaré en lo posible.

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Sicarios, secuaces y segundos mensajeros.

Casi tenemos nuestro retablo completo. Ya hemos tenido delante a nuestro protagonista, Tyrion Lannister, encarnado en un tetradecapéptido. También os he presentado a su fiel escudero y sus acciones para secundar las órdenes de su señor. ¿Quién nos queda por presentar en este retrato? Pues está claro: los brazos ejecutores. Los que llevan la acción a la realidad y convierten en hechos las ideas y planes de nuestro Tyrion. En Canción de Hielo y Fuego, tenemos a varios de ellos. Unos son más importantes, otros menos. Vamos a ir desgranándolos para terminar de componer este cuadro de neuromodulación. Y quizá, luego, los embarquemos en alguna aventura.

Ser Bronn del Aguasnegras

Ser Bronn del Aguasnegras, en Juego de Tronos

Pícaro de origen y mercenario vendido a las promesas de oro de Tyrion Lannister, Bronn es el principal efector del Gnomo. Le salvó de ser ajusticiado en el Nido de Águilas en un juicio por combate; le acompañó y evitó que los Salvajes de las montañas lo utilizaran como acerico. Le dio una vida mejor y un futuro. Y Bronn, agradecido, le fue leal… hasta que encontró que como consorte de Lolys Stokeworth tenía mucho mejor futuro que como guardaespaldas de un borracho, putero y cabrón que jugaba a un juego que acabaría por explotarle en la cara.

Pues algo así es lo que ocurre con nuestra adenilato ciclasa (AC). La AC es una proteína de membrana que, como vimos en el capítulo anterior, es capaz de convertir una molecula de adenosín-5′-trifosfato (o ATP, para entendernos) en una molécula de adenosín-monofosfato cíclico (o AMPc). Mediante esta activación, el AMPc puede unirse a distintas moléculas, incluído el ADN. El AMPc, por ejemplo, es capaz de activar la transcripción de los propios sst.

Tyrion, habitualmente, utiliza a Bronn como medio disuasorio para aquellos que trazan complots y mueven tejemanejes para acabar con él o sus  iniciativas. Algo así es lo que hace la SRIF con la AC. Recordad el esquema que os puse en el capítulo anterior:

Esquema de la transmisión somatostatinérgica

La unión de la SRIF a sus receptores (o lo que es lo mismo, que Tyrion dé una orden a Podrick) desencadena una secuencia de procesos que desembocan en la inhibición de la AC, que disminuye la cantidad de AMPc y, por tanto, se acaban por inhibir los procesos en los que el AMPc participa. Nuestro pequeño Bronn, cuando llega el cuervo (o sea, la proteína Gi) estaría produciendo una inhibición de los procesos comenzados por otras señales, que activaron en su momento una cascada de reacciones bioquímicas que es necesario detener. En este caso, la SRIF suele detener la liberación de vesículas de secreción.

Pero como todo buen mercenario, Bronn no se deja convencer más que por el oro. De forma análoga, la AC se vende al mejor postor. Incluyendo la propia SRIF. Existen casos en los que la órden emitida por Podrick acaba en una estimulación de la AC (o de alguna de las 9 isoformas que posee esta proteína). Un ejemplo es la estimulación de las isoformas AC2, AC4 y AC7 por parte del dímero Gβγ de las proteínas G. O incluso por parte de algunas proteínas G. Es más, existen moléculas de origen vegetal, como el diterpeno forskolina, procedente de la planta Coleus forskholi, que inducen un aumento de la actividad de la AC.

En la historia no queda claro de dónde procede Bronn, aunque sí queda claro que es de baja extracción y que tuvo que matar con 12 años. Siguiendo la analogía, la AC es una proteína que, evolutivamente, aparece muy temprano, pudiéndola encontrar incluso en procariotas. Tampoco está claro a dónde va a parar (aunque finalmente recala en Stokeworth, como ya os he mencionado). La realidad es que la AC es ubicua: se pueden encontrar isoformas de la AC en cualquier tejido, en cualquier célula, aunque no todas las isoformas estén ligadas a los sst. En el cerebro, las isoformas de la AC que están acopladas a los sst son la AC5 y la AC6, mayoritariamente. En cuanto a los sst que se acoplan a isoformas de la AC, no hay distinciones: Podrick Payne sí era leal, a pesar de que Bronn no tuviera más amos que el dinero.

Los salvajes de las Montañas de la Luna

De izquierda a derecha: Shagga, hijo de Dolf, de los Grajos de Piedra; Chella, hija de Cheyk, de los Orejas Negras; Timett, hijo de Timett, de los Hombres Quemados.

Cuando Tyrion atraviesa las Montañas de la Luna junto con Bronn, se encuentran con varios de los salvajes que viven entre las trochas. Viven en tribus que se pelean entre sí por malvivir por encima de los demás. Como buen estratega, Tyrion acaba por hacerse con los servicios de los salvajes. De nuevo con promesas de oro.

En nuestra analogía, los salvajes de las Montañas de la Luna son los canales iónicos a los que la SRIF es capaz de regular. Cada quién asigne después a quien quiera cada nombre.

En primer lugar, encontramos que la SRIF es capaz de estimular la apertura de los canales de potasio mediante la activación de la Giα3. De esta manera, la SRIF es capaz de provocar una hiperpolarización celular. Esta hiperpolarización conduce a una reducción secundaria de los niveles intracelulares de calcio. En román paladino, la SRIF consigue, mediante la hiperpolarización celular, que se inhiba la liberación de vesículas de secreción de neurotransmisores, modulando así su transmisión. En contraposición a las acciones de la AC, que están acopladas a la transmisión de todos los subtipos de sst, los canales de calcio están acoplados a los receptores sst2-5, pero no a los sst1.

Además de producir una reducción del calcio intracelular mediante la hiperpolarización neuronal provocada por la apertura de los canales de potasio, la SRIF puede inhibir directamente los canales de calcio, en concreto los de tipo L y N, mediante la activación del sst2 acoplado a una proteína G0. Sin embargo, y a pesar de haberse descrito esta inhibición en primer lugar, la inhibición de los canales L y N de calcio por SRIF más importante tiene lugar mediante la activación de las subunidades βγ de las proteínas G. Por último, y no por ello menos importante, la inhibición de la actividad AC de la SRIF también es capaz de desembocar en la inhibición de las corrientes de calcio: la disminución de la concentración del AMPc inhibe la proteína kinasa A, y, con ello, la apertura de los canales.

El último de los canales iónicos a los que se acopla la SRIF es la bomba de Na+/H+. En este caso, lo que consigue la SRIF al bloquear el intercambio de sodio Na+/Hes regular algunos procesos de muerte celular que están mediados por la acidificación del pH. Poco se sabe de esta regulación, excepto que viene dada por distintas rutas que se acoplan a los receptores sst1, sst2 y sst4.

Vistos sicarios y secuaces. ¿Qué consiguen?

Bueno, pues ya hemos visto cómo Tyrion utiliza a Podrick Payne para enviar, mediante cuervos, órdenes a Bronn y a sus salvajes de las montañas. Las órdenes pueden originarse de muy distintas maneras y ser consecuencia de distintas estimulaciones y tener muchas y muy variadas consecuencias: inhibir o activar la acción de neurotransmisores, activar o inhibir la secreción de moléculas o incluso, regular la división celular. Este será nuestro último capítulo sobre Juego de Tronos y la serie sobre Tyrion/SRIF: en qué desembocan las órdenes del Gnomo. 

Podrick Payne, escudero(s) de Tyrion-SRIF

¿Os acordáis que el otro día os presentaba a nuestro pequeño endoTyrion? Si no os acordáis y no os da el dedo para hacer click en el enlace, ya os recuerdo yo que el otro día dejamos a nuestra SRIF, a la que he comparado con Tyrion Lannister, en el trance de dirigir a sus secuaces y enviarlos a las misiones que el Enano disponga a bien. Suerte tuvo el menor de los vástagos de Roca Casterly en poder comunicarse directamente con sus efectores y poder hablar directamente con ellos, pero nuestra SRIF no se puede comunicar directamente con dichos efectores y, a modo de cuervos, tiene que utilizar una pequeña familia de proteínas. Os presento a los “quintillizos” Podrick Payne.

¿Quién es Podrick Payne?

Podrick Payne en Juego de Tronos
Este muchachote tan aguerrido y con cara de pasmao es el sufrido Podrick Payne. Que ahora acompaña a otra señora, pero que en un principio fue el correveidile de Tyrion, compañero y guardián de sus secretos, diligente escudero. Casi me atrevería a decir que llegaron a ser amigos. Podrick fue fiel, tan fiel como para no abandonar a Tyrion en ningún momento, ni siquiera en los peores y sólo lo hiciera bajo orden de aquel a quien había ordenado servir. 
Vale, creo que con esto vais entendiendo cuál es la personalidad de Podrick. Pero, ¿qué tiene eso que ver con la SRIF, aun siendo esta Tyrion? 
Pues tengo que pediros otro esfuerzo de imaginación más y que imaginéis que Podrick no era uno sino cinco. O bueno, cuatro y un par de gemelos. 
Para los que tenéis algo de idea de bioquímica y farmacología molecular, igual ya sabéis a dónde quiero ir a llegar. Y es que, igual que Tyrion a veces no sabía hacer nada sin su fiel Pod, la SRIF no podría hacer nada de nada en nuestro organismo sin los quintillizos Payne: los sst. Ellos son los que se comunicarán con los efectores finales de las señales que transmita la SRIF.
Permitidme, por un momento, que me salga del rol que he ido dibujando sobre el Juego de Tronos de la SRIF, porque es importante. Mientras que a Pod se le puede reconocer principalmente por esa actitud bobalicona, de los sst no conocéis nada y hacer un pequeño bosquejo de los mismos. Así que dejad el tabardo, la cota de malla, la capa y la espada y volved a coger la bata, la pipeta y las gafas (seguridad ante todo).

La familia de receptores de somatostatina

Cuando hablamos de receptores de SRIF lo que en realidad estamos pensando los que trabajamos o hemos trabajado con ellos es en algo más o menos así:

Representación esquemática del receptor de somatostatina tipo 2 de rata. (Adaptada de Weckbecker G. et al. Nat Rev Drug Discov. 2003 Dec; 2(12):999-1017)

Pues puede ser más complejo aún. Tenéis que entender que este esquema está en un plano, pero realmente, tendríais que coger este plano, colocar el dominio transmembrana 7 junto al dominio transmembrana 1, reconstruir las hélices de los dominios transmembrana y añadir las glicosilaciones de los bucles, las proteínas unidas al dominio intracelular… Vamos, un follón. Así que vamos a intentar simplificarlo, ¿vale?

Ya os he adelantado que los sst son cinco. O bueno, seis que son cinco. O cinco que son seis. Lo entenderéis en un momento.
Los sst pertenecen a la superfamilia de receptores acoplados a proteínas G (a las que comparé con cuervos antes). Y como todos los receptores acoplados a proteínas G (o G-protein Coupled Receptors, GPCRs) son proteínas de siete dominios α-hélice transmembrana. Este… A ver si con un diagrama:

Representación esquemática de Podrick Payne.

Esto de aquí al lado, señores, es un GPCR. En dibujico parece mucho más sencillo de lo que realmente es, ¿verdad? En rojo veis lo que es en sí el receptor. Esa proteína con siete pasos transmembrana (simplificada en azul y amarillo) que os mencionaba antes. La proteína G, si os portáis bien, os la pongo después. Sí, vale, las hélices α no me han quedado demasiado allá, pero seguro que incluso así entendéis lo que os quería decir. El receptor se completa con un dominio extracelular (el amino terminal) y un dominio intracelular (el carboxilo terminal).

Blasón de los sst

Igual que Podrick se apellida Payne y se le puede identificar por el blasón de los Payne (9 monedas de oro en un jaquelado de púrpura y plata) a los receptores de SRIF se los puede identificar por una secuencia específica que llamamos YANSCANPI, por los aminoácidos que la componen. Además de esta secuencia, los sst tienen una gran homología entre los 7 dominios transmembrana. Las partes más diferentes entre unos y otros son los extremos amino y carboxilo terminal.

Como os decía antes, tenemos 5 subtipos de SSTR que, en un alarde de originalidad, se han denominado como sst1, sst2, sst3, sst4 y sst5. Del subtipo 2 podemos encontrar 2 isoformas: sst2a y sst2b, que se originan por procesamiento alternativo de su ARNm. ¿Su tamaño? Son proteínas que oscilan entre los 356 y 391 aminoácidos, siendo el más largo el sst3 y el más corto el sst5 (como curiosidad).

Todos los sst, excepto el sst2, están codificados por genes que no tienen intrones. El del sst2 sí posee un intrón, claro, al menos en ratón y en rata que es donde están identificadas las dos variantes de este receptor de SRIF.

La casa solariega de los Payne

Resumen de la distribución de los Payne.
Es difícil de saber. En Canción de Hielo y Fuego apenas sabemos que los Payne han jurado lealtad a los Lannister y que deben situarse en algún sitio de las tierras del Oeste, pero nada más. Pero sí que hemos podido encontrar a Podrick en muchos sitios, no sólo en Desembarco del Rey (nuestro cerebro, por supuesto). 
Se han encontrado y localizado sst por todo el sistema nervioso central. Por ejemplo, el sst1 es el más abundante en el eje neural; el sst2 es el más importante en corteza, hipocampo y estriado; el sst5, por el contrario, es casi exclusivo de hipotálamo e hipófisis. El sst3 se concentra en el cerebelo y el sst4 mantiene una distribución más homogénea. 
Pero, como ocurre con la propia SRIF, los sst no están únicamente confinados en el cerebro. Los sst se han encontrado en múltiples localizaciones distintas. Así, se pueden encontrar en el páncreas, en los islotes de Langerhans, siendo el sst2 el más abundante. Sin embargo, no se ha encontrado el sst2 en el intestino, que tiene una mayor presencia del sst4 y el sst5. El sst2 también se ha encontrado en todas las células específicas del sistema inmune, donde adquiere cierta importancia en la regulación de la expresión de citoquinas como el factor de necrosis tumoral alfa o el interferón gamma (y quizá os cuente más adelante por qué es tan importante). El sst3 es el receptor más abundante entre los sst presentes en el bazo y el sst4 predomina en el tejido cardiaco.

Los cuervos mensajeros

Sí, amigos. Tyrion y Podrick también se comunicaban mediante cuervos con quienes necesitaban hacerlo. Grajos, que los llaman en mi pueblo. Grajos empieza con G. Y la SRIF usa proteínas G.

Sí, ya, mis procesos mentales son un poco especiales, pero de eso os deberíais haber dado cuenta en el post anterior al comparar la SRIF con Tyrion Lannister.

Las proteínas G no son exclusivas de los sst. Las proteínas G son unas proteínas formadas por tres subunidades denominadas α, β y γ (sí, seguimos siendo así de originales). La primera de ellas es la que acopla el receptor a los distintos efectores, aunque el dímero formado por las subunidades βγ también ha demostrado activar algunos efectores celulares. Las proteínas G se distinguen por la subunidad α y, en el caso de los receptores de SRIF, estas subunidades α son principalmente de tipo inhibitorio, esto es, que inhiben los efectores a los que se unen. Esto es, que cuando la SRIF se une a sus receptores, la unión provoca un cambio conformacional en el extremo intracelular del sst de forma que se activa la subunidad α de la proteína Gi. Esta activación viene dada por un nuevo cambio conformacional en dicha subunidad, de forma que se permite la entrada de guanosín trifosfato (GTP) al centro activo de la proteína Gαi. Ese GTP se hidrolizará, obteniéndose una energía que servirá para inactivar un efector (en este caso, la adenilil ciclasa, AC), que dejará de enviar señales (en este caso, dejará de transformar adenosín trifosfato, ATP, en adenosín monofosfato cíclico, AMPc). Una vez transformado el GTP en GDP de nuevo, la subunidad Gαi vuelve a su conformación inicial, se une al dímero βγ y el sistema vuelve a su estado de reposo:

Esquema de la transmisión somatostatinérgica.

¿A que así dicho parece una genealogía de Juego de Tronos con casas, nombres, batallas, etc.? Pues vamos a ponerlo en lenguaje de Poniente, a ver si se ve más claro. Imaginemos que Joffrey Lannister, el primero de su nombre, rey de los ándalos y de los rhoynar y de los primeros hombres, Señor de los Siete Reinos y Protector del Reino ha enviado una señal a su ejército de atacar posiciones Stark. Como Tyrion (SRIF) sabe que esto es una burrada, le ordena a Podrick (sst) que detenga esa carnicería y Podrick envía un cuervo (proteina Gαi) que ordena detener el ataque (AC). ¿Mejor?

Bueno, pues ahora el mensaje está enviado. ¿Quién lo recibirá? ¿Bronn? ¿Shagga? ¿Chella? ¿Timmett? Pues tendréis que esperar a la siguiente entrega para saberlo.

¿Sabéis que tenemos un Tyrion Lannister en el cerebro?

La semana pasada, el jueves, me encontraba sin tema sobre el que escribir. Aunque sabemos que la merma no duerme y que igual no me faltara objetivo que tratar en el blog, me metí de lleno en el evento de Naukas sobre la divulgación y me indigné conmigo mismo porque hay algo que podría divulgar sobre lo que sé más que de sobra y que nunca me he atrevido.

Cuando leí mi tesis doctoral, uno de los miembros del tribunal, me dijo: “Bueno, vale… nosotros nos hemos enterado porque somos expertos en el tema, tenemos afinidad con él o tenemos la preparación suficiente como para entenderlo. Pero están aquí tu chica, tus padres, tus amigos… gente que no tiene por qué entender lo que has hecho. ¿Cómo les explicarías a ellos en qué ha consistido tu trabajo, qué has descubierto, a qué has dedicado este tiempo?”. En su momento, contesté refiriéndome a todo el trabajo que hice en la tesis. Pero creo que ha llegado el momento de hacerlo para el resto, dando a conocer un poquito más de lo que yo soy. Porque, al fin y al cabo, la tesis forma parte de mí.

Una hormona especial

Seguro que todos los que leéis el blog, o bueno, casi todos, sabéis quién es el personaje de la foto que sale aquí, a la izquierda. Para el que no lo sepa, es Tyrion Lannister, el hijo menor de Tywin Lannister, llamado el Gnomo, Mediohombre, el Enano… ¡Bueno, basta! Que el protagonista es otro. 
Podría empezar hablando del más que probable déficit de hormona del crecimiento (GH) en este personaje de la conocida saga Canción de Hielo y Fuego. Pero, y aunque esté relacionado con ello y quiero que tengáis presente a este señor en la mente, quisiera que lo que más tengáis presente de él es la versatilidad que tiene, cómo se adapta al Juego de Tronos, la cantidad de papeles que puede desempeñar, la cantidad de aliados con los que funciona y a los que puede tornar enemigos y al revés. Bueno, pues algo parecido a lo que hace Tyrion en su saga literaria podríamos decir que hace la somatostatina en nuestro organismo. 
¿Que qué es la somatostatina? Bueno, así en caliente y sin pensarlo mucho, es un tetradecapéptido cuya función principal es la de inhibir la liberación de la hormona del crecimiento. Vamos, que es un péptido pequeño (como Tyrion), que viene de una familia de péptidos más grande (como Tyrion), que realiza muchas funciones en nuestro organismo (como Tyrion) y cuyo objetivo es impedir que la GH saque los pies del tiesto (como Tyr… Bueno, ya me entendéis).
A la somatostatina se la conoce por varias siglas: SS, por SomatoStatina; SMS, de SoMatoStatina; SST, por SomatoSTatina; o mi preferido y que resume mucho mejor lo que hace: SRIF, de Somatotropin Release Inhibition Factor. Bueno, por eso y porque parece mucho mejor esto que no ir poniendo letras al azar en mayúscula.
Aunque algunos la conozcáis como tal ahora, esta señorita la descubrió un tal Krulich, en 1968, mientras trabajaba con hipocampos de ovejas y liberación de GH. No sería hasta 5 años más tarde cuando un tal Brazeau, alumno de Guillemin, premio Nobel en 1977, aislara la SRIF definitivamente.
¿Es por esto especial la SRIF? No, ni mucho menos. Lo que realmente hace especial a la SRIF es que, lejos de tener como función únicamente la inhibición de la liberación de GH, tiene toda una pléyade de funciones a las que atender. Así, aparte de producirse en el hipocampo para desempeñar su papel en la regulación de la señalización de la GH, inhibiendo su secreción, la SRIF no sólo se produce allí. La SRIF puede localizarse en el intestino, el páncreas o el sistema urinario, aparte de otras zonas del sistema nervioso central. Y, además de encontrarla por todo el reino animal,  podemos encontrarla también en diversas plantas.

Un péptido pequeño, un gran luchador

Al igual que nuestro aguerrido Mediohombre, la SRIF es un péptido pequeño,de tan sólo 14 aminoácidos. Aunque tiene otra forma con actividad biológica conocida: la SRIF-28. Esta es tan solo la misma SRIF-14 con una extensión en su extremo amino terminal. Comentaría algo sobre las extensiones terminales de Tyrion, pero este es un blog decente y no se habla de putas y enanos vividores folladores.

Estructura química de la SRIF-28 y la SRIF-14. En azul, su centro activo

Como podéis ver, este pequeño péptido posee un puente disulfuro que le da una estructura “cíclica”. Su centro activo (que no, que no hablo del putañeo de Tyrion, centraos en la SRIF) consta de 4 aminoácidos, señalados en la imagen en azul.

Pero como todo en la vida, tiene diferencias con el propio Tyrion: igual que el Gnomo es duro de roer y ni el propio G. R. R. Martin es capaz de acabar con él (porque dormiría en el sofá…), nuestra SRIF tiene una vida media muy corta y es bastante sensible a la degradación enzimática.

La familia Lannister. O algo así.

La familia Lannister. Fuente: lossietereinos.com
Como en todas las familias, la de Tyrion tiene sus cosillas. Y ya que comparamos a la SRIF con él, habrá que comentar algo de la propia familia. 
Tywin Lannister, el patriarca es un tío adusto, serio y más malo que un dolor. Es cierto que no sabemos si la preproSRIF, el primer péptido que nace del ARNm del gen de la SRIF, es tan mala malísima, pero sí podemos considerarla el Tywin de esta historia, un patriarca que tiene varios hijos.
El primer vástago (o mejor dicho, el primer par de vástagos), incluiría a los dos mellizos: Jaime y Cersei Lannister. En realidad, lo que tendríamos del primer procesamiento es una prohormona que se dividiría en dos: la SRIF-28 y la pro-SRIF 1-63. Podríamos considerar a la primera como el Jaime de esta historia: un péptido que protege a la SRIF-14 de la degradación hasta que está completamente madura (igual que Jaime hace de guardaespaldas de Tyrion). La segunda es la Cersei de esta familia, otra proteína con una importante función biológica pero más grande que la SRIF-14 (y es que a Cersei se le da casi tan bien como a Tyrion maquinar). No sólo eso, sino que la SRIF-28 tiene una vida media más corta y hace más sensible a la degradación a la SRIF-14, reclutando más proteasas.

La Mano del Rey

Cuando Tywin Lannister nombró a Tyrion Mano del Rey, lo que quería es que su hijo sujetara las bobadas y estupideces de su nieto. Igual no quería que le diera de hostias al pobre Joffrey, pero a veces Tyrion no tenía otra forma de contener las tonterías del niñato Lannister. Evidentemente, nuestra SRIF no es tan borrica a la hora de ejercer su acción, pero sin embargo sí que es cierto que su función principal es la de modular la acción de la GH, inhibiendo su secreción. Tanto es así, que la expresión de la propia GH dispara la expresión del ARNm de la SRIF, tanto como las actitudes déspotas de Joffrey encendían a su sabio tío.
Pero Tyrion no se dedicaba únicamente a controlar las burradas del Rey. Sus funciones iban mucho más allá. Para empezar, era quien dirigía el Consejo Privado cuando el Rey no estaba presente. Dada la minoría de edad de Joffrey, era las más de las veces. Del mismo modo, la SRIF regula la secreción y modula la acción de otras hormonas como la liberadora de tirotropina (TRH), la liberadora de corticotropina (CRH) o la estimuladora del tiroides (TSH). Es capaz de regular la actividad de Varys la Araña, el Consejero de los Rumores; en este caso, la SRIF ejerce de modulador de la función sensorial, regulando la actividad de los pajarit… esteee… de los receptores sensoriales. Tyrion además daba órdenes sobre la defensa y la vigilancia de la ciudad de Desembarco del Rey; de forma análoga, la SRIF utiliza a sus propios Janos Slynt para modular la actividad locomotriz, sobre todo los procesos relacionados con la memoria espacial.

Como los dedos de la Mano llegaban allí donde Tyrion no podía estar, la SRIF también ejerce funciones en tejidos periféricos, como Invernalia, Harrenhal, Lanza del… coña… me refería al intestino (regulando la secreción exocrina, su motilidad y la secreción de bilis), la tiroides (inhibiendo la secreción de T3 y T4), el tejido óseo o la glándula adrenal.

Tyrion en la Batalla del Aguasnegras

Pero no todo puede ser el gobierno y el despacho de funciones desde la tranquila comodidad de tu cámara, así que, como buen gobernante, tienes que ponerte al frente de tus tropas para poder sacar adelante a tu ciudad, que, en este caso, es tu propio cuerpo. 
Como ya imaginaréis, aquí, los capas doradas y los capas rojas han sido sustituidos por linfocitos y macrófagos y las espadas y hachas, por interleuquinas, citoquinas y otras sustancias liberadas por nuestro sistema inmunitario. Así, la SRIF gobierna sobre la producción de TNF-α, una sustancia que estimula la reacción inflamatoria de nuestro organismo producida por diversos tipos de glóbulos blancos. De la misma manera, inhibe la secreción de IL-6.
Además, nuestro propio Tyrion es capaz de disponer las tropas a conveniencia. Mediante su propia acción, es capaz de inhibir la proliferación de la microglía y la formación de colonias de macrófagos.
Pero todas estas acciones, tanto las de batalla como las de gobierno, Tyrion las ejercía a través de efectores como Bronn, el propio Varys o Shagga, hijo de Dolf. Y, como en la propia Canción de Hielo y Fuego, eso será tema de otro capítulo de esta saga que nos llevará a conocer, y quizá a amar, un poquito más a este endoTyrion nuestro.

¿Cultura científica?

Yo creía que estando tan lejos igual no me iban a llegar ecos de cosas sobre las que escribir en el blog. La verdad es que no pensaba que fuera a escribir algo, pero me llega, a traves del blog Magonia del gran L. A. Gámez, este articulito sobre un libro de Cultura Científica. En concreto, el de 1º de Bachillerato de la editorial McGraw-Hill. Este que veis aquí a la izquierda. No sé si alguno de los que me leéis, tenéis hijos de esa edad y que cursen esta asignatura. Si es así, el post de Magonia os interesa. Y mucho.

Quizá mi post sea algo menos interesante, pero como esto va de indignarse, puede que encontréis aquí una opinión muy cercana a la vuestra que os anime a tomar una decisión con respecto a la asignatura o bien a la información que queréis que llegue a vuestros hijos. Os aseguro que estaríais haciendo bien.

¿Podemos llamar Cultura Científica a “eso”?

No voy a reproducir lo que el blog de Gámez ya ha copiado tal cuál del librito de marras. Podéis irlo a mirar allí, que no os cuesta nada. Básicamente, el comentario que hace el libro es acerca de los peligros ecológicos y ambientales que pudieran tener los transgénicos. Menciona, de pasada, los numerosos beneficios que pudieran tener, pero el comentario sobre los problemas ambientales es de traca.
En este mismo blog hemos comentado el tema de los transgénicos ya en más de una ocasión. Lo mismo que otros, en otras muchas ocasiones y con mucha mejor calidad que yo. Y como todos hemos comentado en diversas ocasiones, no existe ningún riesgo ecológico o ambiental demostrado en la utilización de transgénicos. Ya sé que siempre cito el mismo estudio cuando hablo de este tema, pero es el más actual y completo. Me refiero al estudio del profesor Nicolia, ése metanálisis exhaustivo en el que, tras analizar más de mil quinientos estudios, no encuentra ningún tipo de peligro en la siembra y utilización de transgénicos. Ni siquiera sobre la aparición de resistencias, al menos respecto al maíz Bt de los cultivos realizados en España. Nada. ¿Y qué decir de la alarma sobre alergias y daños producidos por el consumo de transgénicos? Pues que también se han evaluado y no se ha encontrado que produzcan alteración alguna en los últimos treinta años en más de mil millones de individuos analizados en este tiempo.
Sin embargo, el librito de marras hace pensar a los alumnos que lo lean que los transgénicos pueden provocar problemas que, como vemos, no provocan. 
Dicho lo cual, y a la vista de las evidencias que presentan los artículos que no me cansaré nunca de enlazar, ¿cómo se atreven a llamar Cultura Científica a lo que pone en ese libro? Quizá el resto del contenido sí incluya información útil, con un impulso del pensamiento crítico y de análisis de evidencias. Pero el hecho de que un libro que debería enseñar a los alumnos a evaluar de forma crítica la información que les llega y contrastarla con quien sabe y les puede enseñar diga una burrada semejante, a mí ya me pone de uñas. Como digo, el resto del libro puede ser impecable, pero eso no quita para que esto sea una mancha enorme difícil de eliminar.

¿Qué podemos hacer?

Desgraciadamente, creo que para este curso, poco, ya que no creo que puedan cambiarse los manuales con tan poco tiempo de antelación. Pero a pesar de eso sí que puede llegar a hablarse con los profesores, jefes de estudio y demás responsables para expresar preocupación por esta información. Y, como es mi caso, enviaré una carta a la editorial para hacerles notar el comentario tan desafortunado que incluye su libro, acompañándolo de los metanálisis que enlazo más arriba, para intentar que corrijan el párrafo al año que viene. Que luego podrán corregir o no, pero si tenéis hijos en esta edad, el recibir escritos expresando vuestra preocupación, ponga a la editorial sobre aviso. Que, al menos, estén enterados.
Y, por supuesto, lo que considero más importante: que habléis con vuestros hijos. Esto es lo primordial. Sin duda, es la mejor educación que van a obtener, a partir de vosotros, y ponerles en claro y ayudarles a entender por qué ése parrafo del libro está equivocado y transmite una idea errónea es misión para vosotros, como padres. A ésa edad, los críos tienen ya 15-16 años y son perfectamente capaces de mantener una conversación adulta. O deberían serlo. Y demostrarles, con éste y otros blogs (o los artículos originales, si se tiene el conocimiento necesario, claro) en qué se equivoca dicho párrafo.

Preocupado

Sí, estoy preocupado. Estoy preocupado porque no sea éste el único gazapo que hay en este libro. No es menos grave que ocurra en otros libros por añadidura, pero siendo el texto que se va a utilizar en la asignatura de Cultura Científica, es especialmente preocupante. Porque si esto es lo que va a guiar a nuestros jóvenes en el pensamiento crítico, vamos a empezar muy mal. Y no sólo en el caso de los transgénicos, que ya sabemos que puede generar verdaderos monstruos, sino que también podría acercarles a otras cosas que son bastante más peligrosas y que acarrean bastante más problemas.
Mi miedo lo confirma Fernando Díez, en una conversación en twitter. Como profesor de Biología y Geología en ESO y Bachiller y que lo va a ser de una asignatura de cultura científica, ha hecho sus deberes y ha revisado varios textos acerca del tema antes de recomendar un manual. Lo que me comenta empieza a rozar lo pavoroso:

Vamos, que no es éste al que nos referimos el único libro de texto que incluiría referencias a afirmaciones, vamos a decir “poco científicas”, por no decir directamente pseudocientíficas. Hace unos meses hubo bastante polémica con un texto que incluía la homeopatía y otras pseudoterapias como científicas y válidas para el tratamiento de diversas enfermedades, cuando no han demostrado eficacia alguna en ningún caso y para ninguna condición. Si esto es cierto y varios libros de la asignatura incluyen barbaridades diversas sobre asuntos como los transgénicos o las pseudoterapias, nuestros hijos (vuestros, vaya) se llevarán una idea bastante equivocada de estos temas y ningún conocimiento de los que adquieran será válido.

Quiero pensar que este tipo de errores no son intencionados y que pueden deberse a una revisión un tanto laxa o que se ha colado en las galeradas o que la corrección se perdió. También puedo ser bastante menos optimista y encontrar una explicación en la maldita equidistancia, resultado de esa falta de cultura científica que estos manuales intentan paliar, pero que no conseguirán hacerlo de una forma efectiva si la información que dan es la que se comenta aquí. Pero también puedo ir más allá y pensar que lo publicado no es un error, que no es equidistancia y que los editores y autores de los libros comulgan y comparten dichas barbaridades. En cuyo caso, me preocuparía más aún que los profesores de esta asignatura de Cultura Científica hayan recomendado estos textos. Más que nada porque demostraría que a) no se han leído los textos como es debido; o b) han olvidado el pensamiento crítico.

Es más, me preocuparía que dichos profesores, editores y autores piensen que el escepticismo científico consiste en dudar de todo por sistema y ponerlo todo en cuestión porque sí. Si es éste el escepticismo que van a enseñar a vuestros hijos, yo me plantearía si es bueno que cursaran la asignatura en su instituto en lugar de enseñarle vosotros a criticar la información que reciben y analizarla de forma racional. Pero, y abundando en la buena fe de los profesores, editores y autores de dichos libros, sinceramente creo que lo constructivo en este caso sería comunicarse con ellos y discutir el tema. Porque si ellos están confundidos, pero no se corrigen, seguiremos formando generaciones de jóvenes con una cultura científica deficiente y estaremos en el mismo sitio.

Y eso es precisamente lo que queremos evitar.

Gracias, profesores

Tras la vorágine que desató mi post de la semana pasada he recibido bastantes mensajes por twitter, Facebook e incluso por G+ para darme ánimos y apoyarme. A todos vosotros, muchas gracias. Entre vosotros había muchos profesores. Muchos. Algunos vinieron a dar la cara, a explicarme por qué se hacían algunas cosas como se hacían. Otros a ofrecerse para ayudarme en lo que pudieran. Y otros me los tropecé por casualidad, con un maravilloso post sobre algo que, a priori, no tiene nada que ver con el blog. Tras leerlo, me di cuenta de que ninguno, y me incluyo el primero, les agradecemos a los profesores el trabajo que hacen por nosotros. Por eso, desde aquí, quiero utilizar mi pequeña tribunita para alzar mi voz y decirles, bien alto: GRACIAS, PROFESORES.

Es de justicia

Porque, como digo, ninguno nos damos cuenta de todo lo que hacen. Ninguno nos damos cuenta de que, sin ellos, nosotros no llegaríamos donde llegamos. Ni tendríamos ni siquiera una minúscula parte de los conocimientos que adquirimos durante nuestra vida.

Desde pequeñitos, son los primeros que olvidamos, nada más salir del cole, como bestias, corriendo a por la merienda, nuestro trozo de pan con chocolate o nuestro bocata de chopped (sí, ahora hay más cosas, pero cuando yo era pequeño, se hacía lo que se podía). Sabemos que los tenemos que ver al día siguiente pero ese ratito, ese tiempecito que pasamos alejados de ellos, nos sabe a gloria. No tener que soportar sus voces, sus “cállense, bobines”, sus “silencio” y sus “copie usted cien veces”. Cuando crecemos, los despreciamos. Son los negreros que nos esclavizan con los deberes, los trabajos y las fichas. Son policías que nos vigilan, que imponen una ley fría con la que mantenernos encerrados en inhóspitas aulas en las que el silencio y el aburrimiento parecen de obligado cumplimiento. Y, cuando crecemos aún más, se convierten en los payasos que nos sueltan un rollo que no entienden ni ellos y que no dan siquiera muestras de entenderlo, porque son incapaces de explicarlo de forma que se entienda. Y deprisa, tan deprisa, que tenemos agujetas en la muñeca después.

¡Qué injustos somos y qué tarde nos damos cuenta! Porque esos profesores que cuando somos pequeñitos queremos olvidar deprisa y cuanto más tiempo mejor, son los que ponen los cimientos a todo lo demás que hemos de aprender durante el resto de nuestras vidas. Son los que, con más o menos acierto, soportan nuestra época más inmadura, nuestras preguntas más irrisorias y los que con mucho más cariño nos cogen de la mano y nos llevan hacia el conocimiento. Son los que moldearán, en primera instancia, lo que el día de mañana querremos ser. Por eso, en primera persona, quiero dar las gracias a todos los profesores del desaparecido Colegio Leonés de Coslada, Madrid. Porque sin ellos yo jamás habría aprendido a escribir, a leer, a sumar o multiplicar… porque fueron ellos los que despertaron en mí el amor por la lectura y la pasión por el conocimiento. Y, sobre todo, mi vocación investigadora.

Moldeadores de personas

Son esos profesores de instituto que aguantan nuestros peores años. Somos rebeldes, queremos ser los más rebeldes… y a algunos sólo nos sale ser el más idiota. Porque quieres parecerte a esos que parecen ser los líderes de la clase, esos que se llevan a todas las chicas de calle, en esa época en la que queremos ser los primeros en tener novia y hacernos el primero de la clase en salir con esa chica por la que bebemos los vientos. 
Ellos son los que nos guían en los peores momentos del camino, cuando nos podemos desviar con mucha más facilidad. Cuando se nos abren cientos de posibilidades por todas partes y nos podemos ir por un camino que nos aleja de aquello que queremos y podemos ser. Son los que antes se dan cuenta de nuestras capacidades, son los que primero notan cuáles son nuestros mayores talentos. Y sin que nos demos cuenta (y muchas veces sin darse cuenta ellos mismos) nos enderezan la vía o bien nos sacan de ella (de estos hablaré más tarde, que también lo merecen). Yo, en mi caso particular, tengo que darles muchísimo las gracias a los profesores que me llevaron y me sufrieron en el Instituto Rafael Alberti de Coslada. Ellos fueron los que me enseñaron la importancia del conocimiento base, los que pusieron los primeros ladrillos de mi carrera profesional, fundamentándola como merecía y los que me dieron las primeras herramientas para entender, comunicar y poner en práctica aquello que un día me serviría para ser el hombre que hoy soy. 

Creadores de profesionales

Que son los que nos cogen en las universidades. Ya más calmados, pero con toda la fuerza y el empuje de quienes se saben jóvenes. Y, sobre todo, que se creen que saben más que muchos que están ahí. Porque somos capaces de discutirle a los profesores desde qué es un ser vivo (y se montan debates muy interesantes con diversos puntos de vista) hasta la naturaleza de la luna (porque, ¿cómo va a orbitar ahí ese peñasco sin caerse? -sí, lo he visto discutir).
Su trabajo es quizá el más difícil. Aunque nuestros ánimos están mucho más calmados, nuestra madurez además se carga de vehemencia. Las herramientas que nuestos profesores de instituto nos dieron para defender nuestras ideas las usamos a lo bruto, como neanderthales machacándose entre sí con huesos y piedras. Ellos son los que las pulen, enseñándonos primero a darles un filo cortante, luego dos. Nos enseñan a forjar el acero de esas armas, a darles la forma adecuada. Nos enseñan técnicas nuevas para usarlas y nos forman, en definitiva, para poder usar dichas herramientas de la forma más eficaz posible. Son los que nos dan el último pulido, dejándonos listos para salir a darlo todo en nuestra profesión. Es por ellos, los profesores de la carrera de Biología de la Universidad de Alcalá, por los que yo alguna vez he llegado a ser un investigador de provecho. Por eso, muchísimas gracias a todos.
No quiero olvidarme de ese gran hombre que fue mi director de tesis, el dr. Arilla Ferreiro. Él fue el que me dio los últimos toques, el que me entrenó. Él recibió un aprendiz y formó un profesional. Gracias, Eduardo.

No todos son iguales

Alguno dirá que estoy en plan lastimero y pelota. Pero no. Hago esto porque nos hemos ciscado en sus progenitoras cincuenta veces y cincuenta veces más. Porque nos hemos enfadado mil veces con ellos y elevado la voz y acordado de cosas que son injustas.
Hago esto porque no todos son iguales.
Porque también me he encontrado con esos profesoruchos a los que todo les da igual. Esos que van a clase por ir, porque se aburren en un momento dado, porque para investigar tenían que dar clase y consideraron la docencia un accesorio, un mal menor, un pequeño picor que rascarse una vez al año y olvidarse durante el resto de la temporada, en la que pueden olvidarse de esos parásitos ignorantes que encima lo hacen tan mal en los exámenes. Estos son los que nos hacen apreciar el doble a aquellos profesores que sí que se trabajaron nuestra formación y nos pusieron donde estamos. Y los que nos enseñaron cómo no debíamos dar las clases. Estos son gente que, como investigadores, son muy válidos, pero como docentes dejan mucho que desear. Se olvidan de que su función no es sólo rellenar de papers su CV, sino también formar a las generaciones futuras para que puedan ser tan buenos en el laboratorio como lo son ellos. Se olvidan de que a ellos también los moldeó alguien, que a ellos también les enseñaron a ser lo que son. Y, como viejos avaros, atesoran esas enseñanzas para ellos solos, en lugar de enseñar a otros a ser como son ellos.
Por todas estas cosas: Muchas gracias, profesores.
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